Salgo por fin, dejo atrás ese sub-mundo, donde las horas pasan
despacio y los días no transcurren.
Dónde no hay mañanas, ni tardes, ni noches...
Dónde la luz siempre refleja las mismas sombras.
Dónde la vida y la muerte juegan a los dados, mientras los
enfermos agonizan de aburrimiento en sus camas.
El Sol no ha llegado a besar a la Tierra en el amanecer, gruesas
nubes tapan el milagro diario del nuevo día.
El silencio en la plaza, tan inhabitual, convida a hacer confesiones.
Es día de fiesta...
Todo un día para soñar.
Recién salida de otro mundo, mi mente va a cámara lenta, cómo
en una vieja película dónde es difícil separar la realidad de la
ficción, la frágil línea que las divide hace tiempo se enredó formando
eslabones de materia invisible, impalpable; tejida de sueños.
Al fondo queda la noche, cubierta en su soledad. Me acompaña la
presencia eterna , a mi lado, oculto por el manto de la oscuridad...
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Cuadro: Escena industrial en Pittsburg Autor : Aaron Gorson.